Juan José Equiza,
Director Gerente Hospital
Ppe. de Asturias. El acceso a una sanidad pública,
universal y gratuita es uno de
los derechos que más valora el ciudadano.
La solidaridad del sistema
público, que presta atención sanitaria
sin restricciones a quien lo
necesita independientemente de
su situación social y personal,
garantiza una asistencia global e
igualitaria, apoyada por la excelente
calidad de los recursos materiales
y humanos.
La distribución de los recursos
permite una prestación asistencial
siempre cercana al ciudadano, con
una alta complejidad de los procesos
diagnósticos, terapéuticos y quirúrgicos
derivados de la
potente inversión
en nuevas
tecnologías, lo
que incrementa
el número
de procedimientos
y la
calidad de los
mismos. Por su
parte, la distribución
de nuevas
infraestructuras
se rige
por criterios de
proximidad y
de cercanía al
usuario con el
objetivo de
facilitar el
acceso a los
servicios que
prestamos. La
sanidad pública,
consciente del valor añadido que suponen el
confort y la comodidad del ciudadano,
ha incorporado a sus criterios
de gestión iniciativas que
incrementan esos indicadores,
como las consultas de alta resolución,
el recordatorio de consultas
por mensaje de móvil o las habitaciones
individuales, entre otros.
La capacidad docente e investigadora
de los centros públicos se
traduce en beneficios tangibles
para el paciente. Las fundaciones
de investigación permiten a los
profesionales conjugar su vocación
investigadora con la práctica
clínica. Además, la excelente dotación
de infraestructuras de las
fundaciones de los hospitales
públicos se traduce en ensayos
clínicos más complejos y en fases
más avanzadas.
La formación continua de los
profesionales es otra de las herramientas
del sistema sanitario público
para mejorar la calidad. La
actualización permanente de conocimientos
garantiza que los centros
públicos incorporen con rapidez a
su cartera de servicios aquellas
innovaciones diagnósticas y terapéuticas
más recientes.
Ignacio C. Sagardoy,
Director Ejecutivo
Médico de Sanitas. Aunque el Sistema Nacional
de Salud español tiene una alta
calidad tanto profesional como
técnica, a día de hoy la sanidad
privada supone un importante
complemento para las prestaciones
públicas, ya que ofrece rapidez,
un trato más personalizado a
los pacientes, adecuado a sus
horarios y sus necesidades concretas
y servicios adicionales de
salud, como la prevención y la llamada
medicina del bienestar, con
tratamientos estéticos, reproducción
asistida, etc...
Las entidades privadas del sistema
de salud, como Sanitas, debemos asumir el compromiso
de colaborar con la sanidad pública
para procurar la atención integral
al ciudadano. Los clientes de
la sanidad privada, cada vez más
exigentes y mejor informados,
demandan productos más sofisticados,
servicios más personalizados
y acceso a los últimos avances
médicos y tecnológicos.
En Sanitas, siempre hemos
apostado por estar en la vanguardia
médica y asistencial, incorporando
a nuestra cartera de servicios
tecnología punta, tanto a nivel
diagnóstico como terapéutico.
Además, contamos con una extensa
red de profesionales médicos de
muy alta calidad. Como compañía
de asistencia sanitaria que somos,
además de centros médicos concertados
en los que se trata de
manera preferente a los clientes,
para nosotros es importantísimo
poder disponer de centros médicos
propios en exclusiva. Por eso,
a través de Sanitas Hospitales,
que gestiona nuestros 40 centros
propios (entre los que se incluyen
dos hospitales: Hospital
Sanitas La Zarzuela y Hospital
Sanitas La Moraleja, ambos en
Madrid) estamos realizando continuamente
un esfuerzo
inversor muy importante
en construir nuevos
centros médicos y
hospitales. Contamos
con una provisión
propia que nos diferencia
realmente de la
competencia.
Además de la
reciente ampliación del
Hospital Sanitas La
Zarzuela y la construcción
del Hospital de
Manises, que abrirá sus
puertas el 1 de mayo
de este año, hemos
abierto nuevas oficinas
comerciales y nuevos
centros Milenium,
tanto dentales como
multiespecialidad,
como el que abrimos
antes de verano en Las
Rozas (Madrid).
Igual que cambiar de año,
cumplir años significa un motivo
para volver a mirarse en el espejo.
El 11 de febrero, el Hospital
del Henares ha celebrado su primer
año de vida. Intenso, opinarán
unos, o caótico, la mayoría.
Y es que desde que la presidenta
de la Comunidad de Madrid,
Esperanza Aguirre, abanderase
el movimiento de la sanidad privada,
son muchos los hospitales,
personal sanitario y pacientes,
los que se han visto afectados
negativamente.
Con su llegada, “en un enclave
privilegiado y con el metro a
la puerta”, como subrayó Aguirre
el día de su inauguración, no
han sido pocas las quejas que se
han ido acumulando a las puertas
del suburbano. Tan sólo dos
meses después de su apertura, la
policía intervino para disolver
una concentración de pacientes
que, hartos del caos organizativo,
reclamaban una atención eficaz
por parte del todavía escaso
personal sanitario. Esta vez la
otra cara de la moneda, representada
por los profesionales
médicos, sancionaba la mala
gestión del consejero de sanidad,
Juan José Guemes, quien
consideró que las dotaciones
existentes eran las adecuadas
para cubrir las demandas de los
170.000 vecinos adscritos al hospital.
Balones fuera. Al fin y al
cabo lo adecuado no exige eficacia,
y tratándose de sanidad, la
premisa me parece obligatoria.
Soltando cuerda se ha acusado
la falta de pediatras, ginecólogos
y traumatólogos, así como
las jornadas de 17 horas de guardia
de algunas enfermeras.
Parece que el alcalde de Coslada
ya lo veía venir cuando se refirió
a la importancia de ofrecer un
“servicio de calidad” por encima
de su estructura moderna y
medios vanguardistas. El hospital
del Henares encara su segundo
año de vida con una política
ineficaz y unos medios ínfimos.
La estética y la cercanía, aún
siendo importantes, en este caso
es lo de menos para los vecinos
de San Fernando de Henares,
Mejorada, Velilla de San Antonio,
Loeches y Coslada. La tarta, esta
vez, ha quedado rancia.